Familia Dominicana

Timothy Radcliffe: "Francisco desafía la idea - central en el Estado nación moderno - de que un país tiene un derecho absoluto a sus propios recursos y territorio"

05.11.2020 | Timothy Radcliffe op

(L'Osservatore romano).-¿Los seres humanos ya son hermanos y hermanas, o es eso en lo que deben convertirse? En el corazón de esta importante encíclica está la convicción de que la fraternidad es tanto nuestra identidad presente más profunda como nuestra vocación futura. Estamos invitados a convertirnos en hermanos y hermanas en Cristo de una manera que apenas podemos imaginar ahora. "Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios, pero lo que seremos aún no se ha revelado. Pero sabemos que cuando se haya revelado, seremos como él, porque lo veremos tal como es". (1 Juan 3:2).

Esto es en parte una aventura de la imaginación. Por imaginación no me refiero a lo "imaginario", a la fantasía, sino a una transformación de cómo somos en el mundo. La imaginación cristiana es el poder del Espíritu Santo que nos lleva a toda la verdad. Es "el pensamiento de Cristo" (1 Corintios 2: 16).

Ya en el Génesis hay en juego una imaginación fraternal que nos lleva desde la rivalidad fraternal asesina entre Caín y Abel, pasando por las tensiones entre Isaac e Ismael, Esaú y Jacob, Lea y Raquel, hasta la reconciliación de José con sus hermanos. Ser hermanos o hermanas no es sólo y simplemente una cuestión de descendencia biológica, sino un crecimiento en la responsabilidad mutua, construyendo el hogar común. Nos guía la pregunta del Señor a Caín: "¿Dónde está Abel tu hermano?" (Génesis 4:9), al abrazo de José a sus hermanos: "Yo soy José, tu hermano, a quien has vendido para Egipto. Pero no os entristezcáis ni os preocupéis por haberme vendido aquí abajo, porque Dios me ha enviado aquí antes que vosotros para manteneros con vida" (Génesis 45, 4-5). El Génesis sienta las bases de la existencia de Israel al llevarnos al triunfo de la hermandad sobre la rivalidad.

En Cristo, la historia de Israel se convierte en el drama constante de la humanidad. Ya nos pertenecemos el uno al otro, pero sólo estamos empezando a imaginar lo que eso significa. "Cuando llegue el último día y haya suficiente luz en la tierra para ver las cosas como son, tendremos muchas sorpresas!" (Todos los hermanos, nº 281).

El Papa comienza con la proclamación de San Francisco de Asís de un amor "que va más allá de las barreras de la geografía y el espacio" (Todos los hermanos, n. 1). De hecho, como Laudate ha demostrado, se extiende al Hermano Sol y la Hermana Luna y a toda la creación. El siglo XIII estaba listo para esta visión de la hermandad universal. Las viejas jerarquías feudales se estaban desmoronando; los mercaderes, como el padre de Francisco, viajaban por todo el mundo conocido: había nuevas formas de comunicación y un nuevo sentido del valor del individuo. El uso que San Francisco y Santo Domingo hicieron de los primeros títulos cristianos "hermano" y "hermana" contenía un valor utópico, la promesa de un mundo en el que los extranjeros que abarrotaban las nuevas ciudades serían acogidos.

Todos los hermanos se volvieron a una sociedad que se enfrentaba a un desafío imaginativo igualmente radical. En nuestro planeta digital, las viejas instituciones y jerarquías han perdido su autoridad; el futuro es incierto. Como en los días de San Francisco, el encuentro entre el Cristianismo y el Islam es potencialmente peligroso. San Francisco se propuso encontrarse con el sultán Malik-al-Kamil (cf. Hermanos Todos, n. 3). Ahora el Papa Francisco extiende su mano al Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb.

El sueño de la hermandad universal tiene menos control sobre el imaginario colectivo que en el pasado. "Los conflictos anacrónicos que se consideraban anticuados se encienden, se cierran, se exasperan, resurgen y son nacionalismos agresivos. En varios países, la idea de la unidad del pueblo y de la nación, impregnada de ideologías diferentes, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida de sentido social disfrazadas de una supuesta defensa de los intereses nacionales" (Fratelli tutti, n. 11).

El Papa nos desafía valientemente a imaginar otra forma de pertenecer a los demás. Rechaza la actual legitimación del derecho absoluto a la propiedad privada: "La tradición cristiana nunca ha reconocido como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada, y ha puesto de relieve la función social de cualquier forma de propiedad privada" (Fratelli tutti, n. 120). Nuestro mundo se ha convertido en un inmenso centro comercial. Desde el siglo XVII la falsa idea de que todo está en venta ha capturado la imaginación común: la tierra, el agua, incluso los seres humanos con la explosión del comercio de esclavos. Mi cuerpo es mi propiedad y puedo disponer de él como quiera, desde la concepción hasta la muerte. Los órganos de los seres humanos se cosechan para el mercado.

Lo más extraordinario es que el Papa Francisco desafía la idea - central en el Estado nación moderno - de que un país tiene un derecho absoluto a sus propios recursos y territorio: "Si cada persona tiene una dignidad inalienable, si cada ser humano es mi hermano o hermana, y si el mundo realmente pertenece a todos, no importa si alguno de ellos es mi hermano o hermana y si el mundo realmente pertenece a todos, no importa si alguien nació aquí o vive fuera de las fronteras de su propio país. Mi nación es también co-responsable de su desarrollo, aunque puede cumplir con esta responsabilidad de diferentes maneras" (All Brothers, n. 125).

Esta declaración es increíblemente contracultural. Subvierte el presupuesto esencial de la política contemporánea. Para algunos puede parecer ingenuo, o incluso desastroso. ¿Cómo puede tener sentido cuando se construyen muros en todo el mundo y se patrullan las fronteras?

Sin embargo, la imaginación cristiana nace del poder transformador de la cruz y la resurrección de Cristo. En la cruz, Cristo rompió "el muro divisorio que era fragmentario" (Efesios 2: 14). La imaginación de la Pascua está destinada a parecer "locura a los paganos" (1 Corintios 1: 23) y a ser rechazada por muchos.

Esto no significa que deba flotar en un espacio incorpóreo. Exige ser incorporado a las estructuras políticas. Un nuevo orden mundial fraternal debe prever "instituciones internacionales más fuertes y mejor organizadas, con autoridades designadas imparcialmente mediante acuerdos entre los gobiernos nacionales y dotadas de poder de sanción". Cuando se habla de la posibilidad de alguna forma de autoridad mundial regida por la ley, no hay que pensar necesariamente en una autoridad personal" (Todos los hermanos, 172). Las Naciones Unidas deben ser reformadas.

De manera similar, al hacer el viaje sinodal fundamental para el gobierno de la Iglesia, el Papa invita a los católicos a reimaginarse como una comunidad de hermanos y hermanas. Sólo sobre la base de tal transformación cultural, la vertiginosa invitación de todos los hermanos - a abrazar al extraño como nuestro hermano y hermana, un miembro de nuestra familia - aparecerá no como una aterradora subversión de todo lo que nos es querido, sino como el camino hacia el hogar común que tanto anhelamos.

Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta gente en movimiento, huyendo de la violencia y la guerra. Especialmente en Occidente, los muros se protegen de los inmigrantes y extranjeros que, se teme, socavarán nuestras comunidades locales, nuestra identidad e incluso nuestra seguridad.


¿Cómo podemos empezar a ver no a los extraños amenazantes, sino a los hermanos y hermanas? En primer lugar, nuestras mentes deben ser liberadas del miedo a la diversidad. Toda cultura humana sólo está viva si puede interactuar fructíferamente con lo que es diferente. Cada uno de nosotros debe su existencia individual a la fructífera diferencia entre hombre y mujer. Si nos cerramos herméticamente al extranjero, las culturas locales que nos importan morirán. El árbol frente a nuestra ventana crece porque, desde sus raíces más profundas hasta la cima de sus ramas, hay un constante y vivificante intercambio con el aire, el suelo, el agua e innumerables insectos y bacterias. El aislamiento es mortificante.

Hay que dar un salto de imaginación para ver la hermandad universal y la solidaridad local como factores que se refuerzan mutuamente. "No hay apertura entre los pueblos, excepto el amor a la tierra, al pueblo, a sus propios rasgos culturales. No me encuentro con el otro si no poseo un sustrato en el que esté firmemente arraigado, porque sobre esa base puedo acoger el don del otro y ofrecerle algo auténtico" (Todos los Hermanos, n. 143).

La interacción fructífera con mi hermano o hermana desconocida sólo es posible si aprendo a mirarlos con una mirada transfigurada, viendo su humanidad, su vulnerabilidad y su belleza. La comunicación digital nos abstrae de nuestras particularidades físicas. Los medios digitales exponen a las personas a una "pérdida progresiva de contacto con la realidad concreta, lo que impide el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas". Hay necesidad de gestos físicos, expresiones faciales, silencios, lenguaje corporal, e incluso perfume, temblor de manos, enrojecimiento, sudor, porque todo esto habla y forma parte de la comunicación humana" (Fratelli tutti, n. 43). Jesús lee el rostro de cada persona. "Porque él sabía lo que hay en cada hombre" (Juan 2, 25). Si aprendemos a mirarnos con placer, el desafío radical del Papa ya no parecerá un ideal imposible, sino el único camino a la alegría.

Por último, "una imaginación fraternal" implica que hablamos a los demás como hermanos y hermanas. El Papa ve el diálogo como mucho más que un intercambio de ideas. Es el proceso ascético a través del cual intentamos imaginar lo que significa ser esa otra persona, ser formado por su cultura, experimentar su sufrimiento y su alegría. En una conversación entre hermanos o hermanas buscamos nuevas palabras juntos, abrimos un espacio imaginativo en el que las barreras se derrumban. Esto es lo que Tomás de Aquino llama latitudo cordis, el aumento de tamaño del corazón.

Estas conversaciones nos llevan más allá de los intercambios típicos de los medios sociales, "un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre fiable. Son sólo monólogos que se desarrollan en paralelo, tal vez imponiéndose a la atención de los demás por sus tonos altos y agresivos. Pero los monólogos no comprometen a nadie, tanto que sus contenidos son a menudo oportunistas y contradictorios" (Fratelli tutti, n. 200).

También son muy diferentes del discurso de nuestra vida pública y política, que incita a la desconfianza de los demás y al desprecio de sus opiniones. La Palabra de Dios nos invita a hablarnos y a escucharnos, para que se abra un espacio imaginativo en el que los hijos del Dios único se sientan en casa unos con otros y en la vida divina.


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UN NUEVO CARDENAL DE LA IGLESIA DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL DE SANTO DOMINGO DE FILIPINAS

Trece nuevos cardenales para la Iglesia, nueve de ellos menores de ochenta años y por lo tanto con derecho a participar en un futuro cónclave, a los que se añaden cuatro mayores de ochenta. Es el anuncio, como siempre por sorpresa, que el Papa Francisco hizo al final del Ángelus el domingo 25 de octubre, comunicando a los fieles en la Plaza de San Pedro y de todo el mundo la creación de los nuevos cardenales.  

  Uno de los 13 elegidos es Mons. Jose Fuerte Advincula, de 68 años y arzobispo de Capiz (Filipinas). Durante sus días de seminario en Manila, fue residente del Seminario Central de la Universidad Santo Tomás, donde se unió a la Familia Dominicana. Pertenece a las Fraternidades Sacerdotales de Santo Domingo. 

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Sor Bárbara de Santo Domingo, op

Una vida para Dios y para la humidad, desde Sevilla

Preámbulo

 No hace muchos años se fundó en París a una congregación religiosa que se mantiene viva en la actualidad y ha experimentado una expansión hacia otras ciudades.

Su nombre es: “Fraternidad monástica de Jerusalén”. Tiene por lema: “En el corazón de la ciudad, en el corazón de Dios”.

 Puede decirse que en este lema se halla muy bien resumido cuanto se propuso y cuanto consiguió realizar en su vida sor Bárbara de Santo Domingo: estuvo «En el corazón de la ciudad de Sevilla, y en el corazón de Dios».

 No salió nunca de Sevilla. Por otra parte, su vida transcurrió en el corazón de Dios.

 Respiró el aire de Sevilla, asimiló sus características históricas, culturales, demográficas. Percibió los latidos de los corazones de sus contemporáneos. Todo ello desde el corazón de Dios y con ansia de que todos los corazones descubrieran los latidos de amor infinito del Corazón de Jesús por todos los sevillanos.

 Providencialmente, desde el inicio de su existencia, se experimentó asomada, observando con su mirada el conjunto de los hogares sevillanos, sin limitaciones, sin discriminaciones.

 Porque sor Bárbara nació en la misma torre de la Giralda, en lo que en la época musulmana fue en Alminar o Minarete, desde el que todo se extendía ante la vista e invitaba a dirigir la voz, los mensajes religiosos a todos los habitantes de la ciudad.

 Aquella torre, la de la Giralda, marcó su vida. Le ayudó a sacar de lo más interior de sí misma, de lo más noble de su alma, una misión de vigía, de atalaya, para escuchar atentamente las pulsaciones del corazón de Dios y trasladarlas hacia aquellas casitas apiñadas en torno a calles angostas, en los que tenía que arder siempre el fuego de la verdadera vida.

¡Cuántas veces meditará a lo largo de su corta vida —de solo 30 años— el anhelo central de Jesús en el Evangelio! “He venido a traer fuego a la tierra y cómo deseo que esté ya ardiendo! (Lc 12, 49-59).

 Los minaretes o alminares eran, a la vez, faros de luz, orientadores a distancia para fijar la situación de las ciudades. Sor Bárbara fue “reflector de luz” para orientar a sus hermanos hacia la verdadera meta de la vida humana, porque su luz estaba tomada de la misma fuente de la luz: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12-20).

 Brilló y fue atalaya permanente para que la completa ciudad sevillana descubriera los tesoros del corazón de Dios y hacia él hicieran confluir con humildad sus propios corazones.

 Vivió los años decisivos de la infancia y de la juventud en la Giralda, precisamente en el espacio construido en el siglo XII, siglo del nacimiento de santo Domingo de Guzmán, zona construida como expresión del esplendor almohade, torre que contempló, en ocasiones, ejércitos de hasta 80.000 soldados, dispuestos a dar la batalla en territorios cristianos de la Península Ibérica.

 Todo en la época de sor Bárbara culminaba con la imagen que simbolizaba el «triunfo de la fe», es decir, con el “Giraldillo” en la cúspide de aquella atalaya que mide 104 ms. de altura.

 La gente, en la época moderna, ha dado a sor Bárbara un nombre muy ajustado a la realidad, a saber: fue “La hija de la Giralda”.

 Biografía

 Pero vayamos a la biografía, lo más documentada posible.

 El aprecio por la figura de sor Bárbara quedó bien patente en el interés que mostraron por fijar para el futuro su fisonomía, en forma de biografías, semblanzas o vidas.

 Puede decirse que en el tiempo inmediato a su muertese recuerda que falleció el 18 de noviembre de 1872— pusieran ya manos a la obra diversas personas, unas como consejeras, otras como administradoras de datos, o testigos de primer orden.

 Comenzó a trazar su vida Don José Antonio Ortiz Urruela. Era un guatemalteco, joven sacerdote afincado en Sevilla, especialista en derecho canónico, apreciado por sus dotes, hasta el punto de que fue llamado como experto al Concilio ecuménico Vaticano I, asamblea del mundo católico convocada por el Papa Beato Pío IX para dar comienzo en 1869.

 Es seguro que la obra que compuso Ortiz Urruela sobre sor Bárbara estaba ya terminada en 1877, a tan solo cinco años de la muerte de la religiosa. El Autor fue testigo de las últimas horas de la Sierva de Dios y, además, tuvo como informante privilegiado al Director espiritual de la misma, llamado Don José Torres Padilla, tan cercano también a Santa Ángela de la Cruz y su obra fundacional.

 Pero esta semblanza tardó tiempo en aparecer editada, ¡nada menos que 11 años! Se publicó en Madrid, e impulsó la edición el canónigo de Sevillla y Profesor de su Universidad, Don Francisco Mateos Gago, de perdurable memoria entre nosotros. Salió a la luz en Sevilla en 1888.

 Por entonces había entrado ya en competición otro escritor prolífico de la orden de santo Domingo, llamado Fray Paulino Álvarez. Estuvo por Sevilla, se adentró en el conocimiento de escritos que se guardaron de sor Bárbara y consultó también testimonios de primera hora, elaborados en el interior de los muros históricos del monasterio de monjas cistercienses o bernardas de San Clemente, donde murió sor Bárbara.

 Es que la Sierva de Dios no terminó la peregrinación terrena en su querido convento «Madre de Dios», de monjas dominicas, sino en el de bernardas de San Clemente, a donde fue a parar su Comunidad apenas desencadenada la revolución de septiembre de 1868.

 Pero lo que interesa resaltar, al hilo de lo que vamos exponiendo, es que el Don José Torres Padilla, su mencionado Director espiritual, pidió a las monjas cistercienses y a la comunidad de dominicas, que vivían también en San Clemente que, encerradas en sus habitaciones y cada una por su cuenta y sin comunicarse con las demás, escribieran acerca de lo que podían testimoniar sobre nuestra Sierva de Dios. Así lo hicieron y estos testimonios los conoció el primer biógrafo dominico.

 La semblanza que compuso Fray Paulino Álvarez alcanzaba cerca de las 500 páginas y en solo dos años obtuvo dos ediciones (en 1887 y 1889). Además, fue publicándose por entregas en la revista titulada “El Santísimo Rosario”, que se fundó en en 1886 y se difundió intensamente, no sólo por España, sino también por países de la América hispana.

 Sin salirnos todavía de las biografías hay que consignar dos narraciones más, escritas estas esta vez por religiosas del monasterio sevillano de «Madre de Dios».

 De la primera biógrafa no se conoce el nombre, pero puede asegurarse que puso todo el empeño para que se publicara, el renombrado autor de teología espiritual a comienzos del siglo XX en España y Apóstol de la devoción al «Amor Misericordioso», Fray Juan González ARINTERO. Autorizó este, de algún modo, su contenido, que se publicó en Valladolid en 1902, cuando se cumplían los 30 años de la muerte de nuestra protagonista.

 De la segunda semblanza, fue autora sor Margarita González Menéndez Reigada, hermana del benemérito Obispo de Córdoba Fray Albino que, además, colocó al frente del libro un sustancioso prólogo para la edición, que apareció por primera vez en Salamanca, en 1922. Esta biografía ha tenido y tiene gran difusión, desde el Monasterio de «Madre di Dios», en la calle San José. ¿Quién no conoce por nuestras tierras al obispo prologuista? —Un testimonio de su obra social lo hallamos en la “Barriada Fray Albino, de Córdoba”, o en el “Barrio Cañero” de la misma Ciudad hermana.

 Pero sigamos con las biografías. Muy cercana ya a nosotros apareció una muy voluminosa, debida al dominico fr. Miguel Zapata García, con un prólogo del Cardenal de Sevilla Fray Carlos amigo Vallejo, Sevilla 1999. ¡Consta de 523 páginas!

 Se trataba en este caso de un especialista en psicología, que meditó largamente su libro y lo escribió nada menos que en París, donde trabajaba. Era licenciado en derecho civil por la Universidad de Granada. Se perfeccionó en teología en Salamanca y en el Instituto Católico de París; consiguió el diplomado en estudio comparado de las religiones por la Sorbona parisiense, y el título de Doctor en psicología clínica por la Universidad de París VIIª.

 Por fin, una biografía, al alcance de todos, ágil, escrita con gracia y bien fundamentada, la elaboró el sacerdote periodista recientemente fallecido, a saber: Don Carlos Ros Carballar (Santa Olalla del Cala, Huelva, 1941). La tituló: “Sor Bárbara de la Giralda, la hija del campanero” (primera edición en Sevilla en 2004). Realizó nueva edición poco antes de morir, el 5 de enero de este año 2020. Le dedicamos en estos momentos un recuerdo agradecido.

 De lo expuesto hasta ahora se comprueba que, por lo menos, sor Bárbara, ha merecido una atención continuada por parte de diferentes escritores.

 Pero puede sorprender este interés, considerada superficialmente su Vida, que en apariencia transcurrió sin especiales relieves a los ojos del público, en general.

 

ü  Vivó muy pocos años, ¡tan solo 30! Desde febrero de 1842 hasta noviembre de 1872.

Su nombre no figuró en los listados de alumnos matriculados en alguna Facultad de la Universidad.

ü  No fue nunca a la escuela. Su madre le dio muy pocas lecciones de leer y escribir y ¡cosa admirable! Sin nadie enseñarle aprendió a leer y escribir y todas las labores y primores.

ü  Aprendió música y piano con pocas lecciones que le dio un célebre organista de la catedral y, después, un señor, que también le regaló un piano.

ü  Con la labor de sus manos, en costura y bordado ayudaba a la manutención de sus padres, en los tiempos calamitosos en que la iglesia catedral no podía pagar a sus ministros, ¡ni al campanero segundo, que era Don Casimiro!

ü  Enseñaba a su hermano, mayor que ella dos años, a leer y la gramática, materias que ella aprendió por sí sola, y estaba a su lado para la doctrina y práctica de la devoción. ¡Aquel hermano jovencito, volteando las campanas de la Giralda, fue apresado por una de ellas y lanzado muerto a un tejado cercano! No hace falta decir que fue una terrible prueba para toda aquella familia ejemplar.

ü  No ocupó ninguno de los nobles palacios en que abunda afortunadamente nuestra Ciudad.

ü  Sus primeros casi 18 años, hasta el ingreso en la vida religiosa, el 15 de enero de 1860, los transcurrió en la misma torre de la Giralda.

ü  En plena exclaustración de los religiosos en España, sin ningún convento de monjes, frailes o religiosos varones abierto en Sevilla, profesó en una ceremonia, prácticamente privada, en el convento de Dominicas de «Madre de Dios», el 3 de febrero de 1861. A su nombre de Bárbara añadió el «de Santo Domingo» y, desde entonces, fue llamada muy comúnmente: «Sor Santo Domingo».

 Todos pueden conocer el Acta oficial de su profesión religiosa, que suena así:

 «En 3 de febrero de 1861, Yo Soror Bárbara de Santo Domingo Jurado y Antúnez, hija legítima de Don Casimiro y Doña Josefa, el primero natural de Sevilla y la segunda de Guadalcanal [Sevilla]: hice mi profesión solemne de Religiosa de Coro y velo negro, siendo Priora Sor Gertrudis María de las Maravillas García, y Visitador el Señor Licenciado Don Manuel Ochoa y Paulín, Presbítero, Canónigo de esta Santa Iglesia [Catedral Metropolitana de Sevilla]». (fol. 117 v).

     ü  Puede añadirse que su brillo a la mirada del mundo no fue nada especial en aquel convento venerable de «Madre de Dios».

ü  Además, junto con su Comunidad, fue arrojada a la calle, en testimonio que escribió el citado Don Francisco Mateos Gago: “Presencié la inicua expulsión de las religiosas en los días de la revolución del 1868. Si hubieran visto sacar a puñados [a empujones] del convento de Madre de Dios, a una religiosa que no tendría menos de noventa años no serían tan rigoristas [los censores] con el celoso autor de un libro [el de Ortiz Urruela] en que se describe la biografía de una religiosa de esa misma comunidad, muerta fuera de la casa en que había hecho su profesión» (p. IX).

 Oficio de su padre fue, en realidad, el de hojalatero, y tuvo su pequeña tienda muy cercana a la Giralda.

 Sor Bárbara se encerró, pues, muy tempranamente dentro de los muros de un convento, el de «Madre de Dios», que ya contaba 400 años de existencia cuando ingresó.

 Este convento, como por lo demás, todos los de España sufría unas imposiciones de las autoridades civiles de la Nación, consistentes en no poder recibir Novicias a la Profesión, sin el preceptivo permiso del Ministerio de Gracia y Justicia, que se ocupaba de los asuntos religiosos. —En los siete años que siguieron a la profesión de Sor Bárbara solo profesó una religiosa más en su convento.

 Fama de Santidad

             Tras todo lo recordado, una pregunta puede que esté en la mente de todos:

 —¿Por qué ha suscitado y despierta interés hasta el presente la persona de Sor Bárbara?

             Sin duda, por su vida santa. Este es el motivo por el que dirigimos la mirada hacia ella en esta tarde, por voluntad de las Hermandades de Triana.

 Los Santos no nacen, sino que se hacen. —Por circunstancias familiares, se echaron muy tempranamente los cimientos en orden a construir en ella un edificio santo, un templo santo de Dios. Esto se realizó, evidentemente, en el bautismo, que recibió en el interior de la catedral de Sevilla, tan solo dos días después de su nacimiento. Fue en la llamada “parroquia del Sagrario”, el 9 de febrero de 1842. Fueron sus nombres de bautismo: Bárbara, María del Socorro, Romualda, Ricarda de la Santísima Trinidad.

 En su alma sembraron las semillas de santidad, que no iban a germinar y crecer por generación espontánea, sino que debían cultivarse con esfuerzo y tesón. Ella puso su parte. Además, en su entorno, halló muy buenas colaboraciones.

 Sus padres, humildes, pero bien formados en la fe y en valores humanos. Su padre, Casimiro, estudió unos años en el seminario diocesano, que tuvo que abandonar por motivos de falta de salud. Su madre, Josefa, fue una mujer inteligente y muy piadosa.

La cercanía a la catedral le facilitó el gusto por las celebraciones litúrgicas, abrió tempranamente sus oídos a la predicación de la Palabra de Dios y se despertaron sus cualidades para la música religiosa, que tanto le sirvieron, personalmente y para ayudar a los demás.

 Sí, las mediaciones que tuvo fueron importantes. Sin embargo, lo que más importa destacar, es que sor Bárbara correspondió, colaboró. Puso todo de su parte para el cultivo de la inteligencia y de la voluntad, ayudada por las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo.

 El resplandor de la gracia divina y sus dotes naturales, hacían que sus contemporáneos la contemplaran radiante, aun en medio de los sufrimientos que le afligieron.

 Su oración era sencilla, pero constante y confiada en el corazón del buen Dios.

 Su humildad era grande, su obediencia pronta y su caridad tanta, que todos los trabajos los quería tomar para sí, a fin de que nadie los pasara, atestiguan quienes convivieron con ella en la vida religiosa y durante los 12 años que transcurrió como consagrada por los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

 Se mantuvo en comunión con la humanidad redentora de Cristo y con la humanidad redimida por su preciosa sangre. Las personas perspicaces que convivían con ella la veían transformada en Jesús y, en sus últimos momentos, padeciendo con su amado Señor, desde las agonías del Huerto de los Olivos, hasta expirar en la Cruz, sufriendo real y verdaderamente en su cuerpo y en su alma.

 Descubrían en ella un corazón muy limpio y encendido en amor a Dios. Se les antojaba como un ángel, por lo brillante y hermosa. Proyectaba alrededor de sí misma buenos ejemplos.

 Su madre, en una carta, aseguraba que sus virtudes fueron admirables. Esta carta la escribió al Doctor Torres Padilla. Le decía que no manchó jamás su corazón. Era sumamente caritativa con los pobres. Se hincaba de rodillas para darles limosna.

Toda era un dechado de virtudes, admirable por su poca edad. Toda era oración. Lo que más amó fue la Pasión del Señor y los Dolores de María Santísima.

 Todavía añadía su progenitora: “Nos daba ejemplo. Observó el Santo Evangelio como Dios manda. No había cumplido aun los 18 años cuando entró en el convento. Supo dar a Dios lo que era suyo. En fin, supo no manchar los mandatos del Salvador, como manda el Santo Evangelio”.

 Una persona que convivió con ella por espacio de un año aseguraba que no vio en Sor Bárbara más que cosas que respiraban humildad, paciencia y caridad para con todos”. Con todos se manifestaba alegre y jovial. Era la primera en animar las recreaciones o las celebraciones de fiestas comunitarias.

 Fallece, el 18 de noviembre de 1872, a los 30 años

             Las dos Comunidades habitantes en San Clemente —junto a Barqueta—, comunidades de cistercienses y dominicas manifestaron el convencimiento de que había muerto una joven santa, tocando rosarios a su cadáver, tomando como reliquia algo que le perteneció y hasta algunos de sus cabellos.

             Gentes de Sevilla y personas de otros lugares manifestaron su opinión de que había fallecido una santa. Su cuerpo, que permaneció por varios días con señales de incorrupción, recibió sepultura en el interior del monasterio de San Clemente y allí estuvo, hasta que se hizo un traslado canónico, mandado por el arzobispo de Sevilla fray Joaquín Lluch y Garriga, al monasterio «Madre de Dios», en noviembre de 1877, a los cinco años, por tanto, de su muerte. Gracias a Dios, allí se halla en el interior de la iglesia, hoy en restauración.

 Pronto comenzaron a testificar por escrito gracias obtenidas de Dios por su intercesión.

En 1889 se abrió ya un proceso de canonización. Se reanimó en 1900, otra vez en 1920 y, finalmente, el Cardenal Amigo lo impulsó con eficacia en 2001 y lo ha seguido con interés nuestro arzobispo actual, Mons. Juan José Asenjo. Dios quiera que pronto podamos reunirnos para su clausura, porque hacía dirigimos nuestros pasos.

 ¡Muchas gracias a todos!

            Fr. Vito T. Gómez García

            Sevilla 13 octubre 2020

Contemplar a Dios en los árboles

Libro para descargar. Pincha en la imagen y descárgate el libro en Pdf

Pocos seres vivos están más presentes en la vida del ser humano que los árboles. De ellos aprovechamos su madera y sus frutos. Pero, sobre todo, ellos nos aportan su belleza, su sombra, su cobijo y su compañía. Y Dios se hace presente en nuestra vida por medio de todo ello.

Este pequeño libro trata sobre cómo contemplar a Dios en las diversas especies de árboles, en los bosques y en los ejemplares singulares. Y lo hace de un modo novelado, por medio de la vida de un anciano cura de pueblo, que todos los días sale a pasear por un bello bosque comunal llamado La Corcera.

Fray Julián de Cos Pérez de Camino es dominico y está actualmente asignado al convento de San Esteban (Salamanca). Estudió Ingeniería Técnica Forestal antes de ingresar en la vida religiosa y es profesor de Teología Espiritual.

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el Cardenal José Tolentino Mendonça recibirá el hábito dominicano, como miembro  de  la Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo

27.09.2020 .-  La  Provincia  Portuguesa  de  la  Orden  de Predicadores   dijo   a   ECCLESIA   que  el Cardenal José Tolentino Mendonça recibirá el hábito dominicano, como miembro  de  la Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo, el 14 de noviembre, en el Convento de São Domingos en Lisboa. El Cardenal Mendonça  es  el   titular   de  la  iglesia  de  Santo Domingo y Sixto en Roma desde 2019, que es la iglesia universitaria del  ANGELICUM - la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino - que está dirigida por los dominicos.
"La provincia portuguesa de la Orden de Predicadores y la Orden Dominicana en general se regocijan y acogen con alegría a este nuevo miembro suyo", dijo Fray José Nunes, Provincial de los dominicos en Portugal, a la Agencia ECCLESIA.

"El cardenal Tolentino ha sido un amigo íntimo nuestro durante muchos años: tuvo una estrecha relación con dos dominicos portugueses, Fray José Augusto Mourão y Fray Mateus Peres, y durante muchos años también tuvo una fuerte conexión con las monjas dominicas de Lumiar. Estos contactos y cercanía le hicieron sentirse identificado con el carisma dominicano", explica Fray Filipe Rodrigues, maestro de novicios y estudiantes, a la Agencia ECCLESIA.

La familia dominicana tiene varias ramas: las monjas, "habiendo sido fundadas por primera vez por Santo Domingo", los frailes y las Fraternidades Laicales y Sacerdotales, que, explica Fray Filipe Rodrigues, en las que están insertos todos los laicos y sacerdotes, sin ningún lazo de obediencia al maestro de la Orden o indicación de vivir como fraile o monja, pero identificándose como monje y queriendo hacer un camino de espiritualidad con los dominicos.

El cardenal José Tolentino Mendonça, "siendo un sacerdote diocesano, ahora cardenal, entra en las Fraternidades Sacerdotales como una forma de vincularse a la Orden Dominicana".

Filipe Rodrigues señala la armonía en la forma de predicar entre la Orden y el Cardenal José Tolentino Mendonca. "Su forma multiforme de predicar va en la dirección de nuestra espiritualidad. Hay una sintonía. Aprendimos mucho de él, era un formador especialmente de las generaciones más jóvenes, y aprendió de la gente que mencioné. Pero sobre todo, es una identificación con el estilo y el carisma que lleva a un vínculo más visible con la Orden Dominicana", explica.

La invitación vino de la Orden de Predicadores y fue aceptada rápidamente. "Fue una invitación que le hicimos e inmediatamente la aceptó porque se identificó con el carisma de Santo Domingo, y fue una feliz coincidencia que, al ser nombrado Cardenal, se convirtiera en titular de la Iglesia de Santo Domingo y San Sixto en Roma. Él mismo asumió ese día su conexión con los dominicanos", recuerda.

El cardenal Tolentino recibirá el hábito blanco, que podrá llevar en las celebraciones dominicanas del 14 de noviembre durante la celebración litúrgica de las vísperas, prevista para las 17 horas, presidida por el provincial, fr. José Nunes, op.

"Así como será una simple ceremonia, con el momento simbólico de llevar el hábito. Hay un momento muy hermoso en que el Cardenal pedirá la misericordia de Dios y de la Orden, recibe el hábito y canta el Himno para pedir la intercesión del Espíritu Santo, "Venite Creatore", explica el maestro de novicios.

A las 6:30 p.m. el Cardenal Tolentino preside la Eucaristía en el mismo lugar.
El fraile Filipe Rodrigues también explica que el uso del hábito no implica las "obligaciones de la Orden". "No tendrá obligaciones con la Orden. Si hay una reunión de la Provincia de la Orden será ciertamente muy bienvenido, pero no tendrá obligaciones. A partir de ahora tenemos un miembro más en la Orden, a través de las fraternidades sacerdotales, por su presencia, amistad y fraternidad, pudiendo contar con nosotros en las gracias espirituales que estas cosas infunden", señala.

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Helen Alford, la monja economista que lucha por el bien común en el think-tank del Papa

Es  licenciada en  Ingeniería  de  gestión  en  Cambridge, experta en ética y Responsabilidad Social Corporativa  y monja   dominica.   La    londinense    Helen    Alford    ha sido nombrada miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales este 4 de septiembre

Después de más de 25 años de experiencia en el Angelicum (universidad pontificia de la que es rectora), el bagaje de esta dominica es tan grande como su preocupación por los problemas del mundo de hoy

Alford predica que "la relación hombre-tecnología es algo que debe ser explorado" sin "caer en el cliché de su efecto negativo sobre los empleos"

Es licenciada en Ingeniería de gestión en Cambridge, experta en ética y Responsabilidad Social Corporativa y monja dominica. La londinense Helen Alford, nombrada miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales el 4 de septiembre, ha pasado a pertenecer a este think tank del Papa Francisco.

Entrevistada por Salvatore Cernuzio en Il Secolo XIX, la monja economista ha explicado su misión en el think tank, que persigue la reflexión estratégica en campos como la economía y otras ciencias sociales, siempre al servicio de la Doctrina Social de la Iglesia.

"En la era post-coronavirus debemos empezar de nuevo desde la ética, que es vivir una buena vida", declara Alford. Después de más de 25 años de experiencia en el Angelicum (universidad pontificia de la que es rectora), el bagaje de esta dominica es tan grande como su preocupación por los problemas del mundo de hoy.

A favor de un modelo empresarial ético

Preguntada por la RSC por la que aboga también en el contexto de la crisis que ha desencadenado el coronavirus, la monja explica que "la idea es que las empresas y los agentes económicos tengan en cuenta los aspectos sociales". En su trabajo en la Academia espera concienciar sobre la necesidad de buscar "el equilibrio entre la vida laboral y la vida privada" y cuidar a los trabajadores.

De la misma manera, Alford predica que "la relación hombre-tecnología es algo que debe ser explorado" sin "caer en el cliché de su efecto negativo sobre los empleos". La también historiadora del pensamiento social cristiano opina que no hay por qué temer a la Inteligencia Artificial, por ejemplo, porque somos "nosotros los que determinamos su uso".

Para tener éxito en una reactivación económica y laboral post-pandemia que sea ética, la experta apuesta por tres claves: "motivación, convicción, incentivo de las políticas correctas". 

Los jóvenes, ideas 'desde abajo'

En la misma línea, la dominica piensa que no se puede profundizar en el bien común si no se escuchan las ideas que vienen 'desde abajo'. Por ello celebra iniciativas como el encuentro 'La Economía de Francisco', en el que este noviembre participará. Un streaming mundial que reunirá a veteranos expertos en economía con jóvenes menores de 30 años iniciados en los mismos temas.

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